Hoy Escribe • Rafael Loret de Mola

Revolución y cambio; de Madero a Andrés

Desafío

Por Rafael Loret de Mola

Cada que voy a Puebla elijo pasar por la calle 6 oriente 206, en pleno corazón de la capital de los ángeles y demonios; los primeros rodean a la Catedral, los segundos se revuelcan en la podredumbre del Palacio de Gobierno infestado de ladrones y de tiburones cómplices. En fin, me detengo ante del hoy Museo de la Revolución cuya fachada aún muestras las balas del ominoso batallón de policía, comandado por Miguel Cabrera –cuya existencia terminó por su malsana osadía en el mismo sitio- cuando los hermanos Serdán iniciaron, con dos días de adelanto, la lucha armada contra la dictadura.

Aquel error precipitó los acontecimientos y posibilitó a Porfirio Díaz Mori, a quienes algunos desconocedores del espíritu patrio han vuelto a honrar pese a que se mantuvo adherido al poder presidencial durante tres décadas –algunos de estos desmemoriados repelen, con razón, que tal posibilidad volviera a darse- y persiguió al mártir Francisco I. Madero para dispersar a los rebeldes por todo el país; el antiguo latifundista, miembro de la alta sociedad de Coahuila pero idealista y formado con un nacionalismo acendrado, llegó así hasta Ciudad Juárez refugiándose, indistintamente, en una choza en el límite fronterizo o en El Paso, Texas.

Pero no le obedecieron sus caudillos, Pancho Villa y Pascual Orozco, y éstos decidieron tomar por su cuenta la emblemática urbe y lo hicieron a sangre y fuego mientras, al otro lado del Bravo, los catrines estadounidenses tomaban refrigerios y canapés mientras veían a lo lejos la matanza desde la terraza del Gran Hotel -ahora Camino Real-. Cuestión de culturas y refinamientos como espejos de la crianza del odio.

Esta sola batalla bastó para que el oaxaqueño Díaz renunciara y tomara el vapor Ipyranga hacia Europa en donde, claro, fue bien recibido por los sátrapas de entonces, entre ellos el Káiser de Alemania. Luego se refugió entre los franceses a quienes había combatido durante la invasión a México y hasta le fue dado el honor de empuñar la célebre espada de Napoleón. Nunca fue el exilio justicia suficiente para el viejo autócrata cuyos restos permanecen en la ciudad luz, en el cementerio de Mont-Parnasse, y allí deben quedarse como sentencia eterna.

Madero nunca fue el verdadero padre de la Revolución como considera el predecesor López. No ganó él la primera batalla, la decisiva, y su martirio en febrero de 1913 fue causa de una contrarrevolución, encabezada por el embajador miserable y ruin Henry Lane Wilson y el borrachín imperturbable Victoriano Huerta Márquez, y el inicio de la guerra constitucionalista cuyo vencedor fue otro coahuilense ilustre, Don Venustiano Carranza, cuya esfinge preside, junto a la de Juárez, mi modesto despacho. Me falta la de Morelos que busco con ahínco.

Tal debiera ser una enseñanza y una inspiración para el régimen actual. Cuídese de los serviles, señora Claudia, y de cuantos se han convertido en sus amigos simulados por su soberbia y represión. Recuerde que, por principios, no hay para usted reelección posible ni marcha hacia atrás. Le exigimos sus mandantes, eso sí, que se aleje del Palacio Nacional ante su incapacidad notoria para ejercer la titularidad del Ejecutivo federal.

La Anécdota

Cuando visité en 2004 Tepetitán, la aldea de pescadores donde aseguran nació López, dentro del municipio de Macuspana, Tabasco, entendí que el personaje central de la trama del futuro inmediato creció bajo la protección de la familia más adinerada del lugar propietaria de un almacén y de una casa de patrones. Lo mismo puede decirse de Madero si bien de éste solía comentar Alfonso Taracena:

“Cómo podrían quienes de la Revolución han construido castillos y atesorado fortunas, mirar de frente a quien a la
Revolución sacrificó haberes y fincas ganadas con el dinero honesto”.

Igual que Madero –uno de sus tres iconos junto a Juárez y Lázaro Cárdenas del Río-, Andrés Manuel pretendió ganar la historia y entrar al Congreso cuando asumió su cargo, no sobre el blanco caballo de la victoria, sino al impulso de treinta millones de votos y la creciente crispación de una derecha que NO puede rendir buenas cuentas a la historia. Nos equivocamos millones, lo mismo en 2000, 2006, 2012, 2018 y 2024. Claudia no parecer ser ni adelita.

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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