Reportajes Especiales

Perritos custodios de Chichén Itzá, una historia de bienestar animal

A partir del 2020, en la pandemia de Covid, los perritos se quedaron en el área arqueológica.

Actualmente, son Osita, Cachimba, Pintita, Pinto y Rayas quienes cuidan permanentemente las ruinas de Chichén Itzá.

Los perritos llegan a las ruinas mayas por su propio pie o son abandonados en la carretera.

En el lugar reciben agua, comida, son esterilizados y puestos en adopción.

Por Claudia V. Arriaga Durán con fotografías de José Keb

En medio de una crisis sanitaria por la pandemia del Covid en el 2020 en México, en la zona arqueológica maya de Chichén Itzá, inició una historia de bienestar animal en Yucatán. Los perritos que vivían ahí quedaron atrapados en las ruinas después de que el área cerró sus puertas al turismo. 

Osita

Se encontraban Osita, Cachimba, Pintita, Pinto y Rayas, quienes habían llegado de distintos momentos y formas. Una pandilla de cinco canes mestizos o malixes, como se les dice en la Península de Yucatán, llegaron en distintos momentos y circunstancias. 

José Keb es el custodio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que cuido de estos perritos y de los otros 20 que permanecieron durante la pandemia. 

No estaban atrapados, pero tampoco se iban. Se acostumbraron a correr libremente alrededor de las ruinas mayas e incluso subir a estos vestigios. 

“Fue duro darles de comer en la cuestión económica porque antes de la pandemia como estaban los vendedores y visitaban las ruinas pues les daban comida, y cuando cerró se quedaron aquí”, recordó.

Algunos de los perritos fueron abandonados en la carretera desde cachorros. Otros vivían en los poblados más cercanos y llegaron por su propio pie en busca de refugio, comida y agua. 

A José Keb, quien al día de hoy, se convirtió en el documentalista de la actividad de los perritos custodios de Chichen Itzá le costaba trabajo al principio cuidarlos. Pidió apoyo de sus amistades para poder alimentarlos. 

Sí a alguien le deben su fama los perritos guardianes de Chichén Itzá es a José que fotografío y grabó sus actividades. Con una trayectoria de 27 años en el INAH, de los cuales 27 han sido como custodio nocturno, también se toma el tiempo para observar lo que ocurre a su alrededor. Aunque no puede ser de otra forma, parte de su trabajo es cuidar y preservar está zona maya.

Además, está convencido de que lo ayudan. 

“Yo digo que me ayudan, es curioso verlos como aullan a la luna, a los objetos y observa las pirámides. Da ternura verlos ¿Cómo pueden apreciar todo esto?”, esbozó con una sonrisa.

Actualmente, en las pirámides de Chichén Itzá 20 perritos ya fueron esterilizados y al menos 40 fueron rescatados. Solo en marzo de 2025 se dieron 23 cachorros en adopción. 

Algunas familias que les dieron una segunda oportunidad se los llevaron consigo a países como Canadá. Sin embargo, existen algunas excepciones de perritos que por ningún motivo podrían ser alejados del área.

Está el caso de Osita, una perrita que llegó en mal estado. Su cuerpo estaba cubierto de sarna. Debido a lo endurecido de su piel, las agujas apenas podían traspasar su piel. Gracias a la atención, cariño y paciencia de José y todo el personal de Chichén Itzá se curó. A la fecha sigue cuidando la zona.

Pero el programa de rescate y rehabilitación de los perritos que llegan a este sitio maya, en realidad arrancó entre 2018 y 2019. El Patronato de Cultur -del gobierno del estado- inició con campañas de adopción, que se detuvieron a partir de la contingencia sanitaria. 

Suemy Balam es la encargada de enfermería y protección civil de Chichén Itzá, y es quien tiene a su cargo atrapar a los perritos que llegan a las ruinas. “Muchos de los que llegan son perritos salvajes que no se dejan tocar, los atrapamos con jaulas trampas”, expuso.

Uno de los rescates que más recuerda es el de Pintita, que se quedó atrapada en el drenaje de una de las estructuras del campamento. Lograron salvarla en coordinación con el equipo de seguridad y mantenimiento. 

De las adopciones mencionó que en muchas ocasiones los artesanos, guías de turistas e incluso elementos de la Guardia Nacional se llevan a los perritos. Eso sí, advirtió que son adopciones responsables.

“Les damos seguimiento para ver que estén viviendo en buenas condiciones”, agregó. 

Cachimba

Cachimba llegó a Chichén Itzá hace más de una década. Mucho antes de que se pongan en marcha todas estás acciones encaminadas al bienestar animal, que ahora se realizan con autorización y apoyo del INAH.

Es la perrita más vieja de la manada que no será puesta en adopción, ya que cuidan el área arqueológica. Se estima que tiene 12 años, aunque en realidad, nadie sabe con certeza su edad. Ya le cuesta caminar y permanece la mayor parte del día en las oficinas administrativas. Resguardada del calor en el aire acondicionado.

José está convencido que la canina puede percibir la malas energía y tiene el poder de ahuyentarlas.

“Siempre he dicho que tal vez en su otra vida era una sacerdotisa maya. Una vez cuando estábamos cerrados en pandemia escuchamos como que alguien corría y ella salió detrás del ruido. Parece que hasta dio instrucciones a Pirata porque él se fue del otro lado, se dividieron para dar con ese ruido”, narró con sorpresa. 

Desconocen sí antes tenía familia o un hogar, pero reconoce su inteligencia. Cachimba llegó entre el 2012 y 2013. El anterior director de la zona arqueológica de Chichén Itzá la mandó a esterilizar y ella adoptó permanentemente a las ruinas como su hogar.

Para conocer más de la vida de los perritos guardianes de Chichén Itzá, José Keb en sus redes sociales publica las fotografías y videos de sus rondines de vigilancia y vida cotidiana. Puedes visitar su Facebook.

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