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El rostro oculto de Dinamarca

*El país más honesto del mundo

*Pero también uno de los primeros en trata y delitos sexuales

*Christiania, un barrio emblemático donde el consumo de droga es libre

José Sánchez López/Reportajes Internacionales/Grupo Sol Corporativo

Dinamarca. – A los ojos de mundo, Dinamarca, uno de los 27 estados que conforman la Unión Europea, situado en los límites de la península Escandinava, es un modelo a seguir, pues conforme al Mapa Mundial de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, es el país que en 2023 presentó el menor nivel de corrupción en el sector público, con 90 puntos en un universo de 100.

En materia de salud, también es considerado como uno de los primeros a nivel mundial, lo mismo que en el rubro educativo, es decir, es un país deñ primer mundo y con los mejores avances en diversos aspectos.

Ese es el lado bueno, el transparente, pero al igual que en el resto de los países, también tiene su lado oscuro, zonas y situaciones que difícilmente salen en primer plano cuando se habla de las bondades de una de las naciones verdaderamente industrializadas.

Dos rubros son los que evidencian que la realidad es distinta a como la presenta el gobierno danés: el narcotráfico y la trata dee personas.

CHRISTIANIA: EMBLEMA DE LA NARCOCULTURA DESDE HACE MEDIO SIGLO

Por más de 50 años, el barrio hippie de Christiania, fundado en septiembre de 1971, ha sido un refugio de la contracultura en el corazón de Copenhague, capital de Dinamarca, famosa por su posición liberal en el consumo de cannabis y por su conocido mercado de la droga, denominado: “Pusher Street”.

Durante más de 4 décadas mantuvo ese perfil intelectual, liberal y ahasta cierto punto bajo control, sin hechos violentos, pese al consumo abierto de enervantes, principalmente mariguana, pero en los últimos años diversos grupos criminales incursionaron en la otrora tranquila Christiania y tomaron el control provocando una imparable violencia en la comunidad.

“Un día legaron personas que mataron a tiros a uno e hirieron a otros y fue cuando la situación se complicó pues se dieron más y más enfrentamientos y ahora son cinco grupos los que se disputan la zona. Estamos cansados de que la gente diga que “Pusher Street” es todo Dinamarca#, dijo Mette Prag, representante de la Fundación Christiania de Freetown.

El inspector de policía adjunto Simon Hansen, que supervisa la operación de la fuerza policial de Copenhague en Christiania, dijo que han hecho repetidos allanamientos en Pusher Street, “vaciamos los negocios lo menos 100 veces al año, pero ellos (los narcos) siempre vuelven, aunque después de todo es mejor tenerlos en un solo lugar y no que estén desperdigados en todo el país”, remarcó.

Más de cinco décadas después de su creación la comuna sobrevive, y la calle Pusher Street se ha convertido en símbolo de libertad para los consumidores, en principio solamente de mariguana, pero ahora de todo tipo de drogas.

HABITACIONES DE LA DROGA PARA LOS ADICTOS

Copenhague, de acurdo a la Drug Enforcement Admidistration (DEA) de los Estados Unidos, es la ciudad de Escandinavia más abierta al uso de las drogas de y además es la que tiene más usuarios, 8 mil en un radio de 2,5 kilómetros, para lo que destina cubículos que ofrecen un entorno seguro y limpio a los adictos.

La primera “habitación de la droga” de la ciudad fue puesta en marcha hace más de 10 años, al darse un cambio en la legislación nacional, luego de que la alcaldía llevaba más de diez años presionando al gobierno para poder lanzar el proyecto.

Poco después se dio la puesta de la segunda habitación y una tercera ya no fue en Copenhague, sino se instaló en Aarhus, la segunda ciudad más grande de Dinamarca.

Una joven de 23 años. cuya preocupación es solamente conseguir las dosis del día, lleva consumiendo drogas desde los 15, primero amariguana y después drogas fuertes, reconoce que tiene que robar para pagarse su adicción a la cocaína y la heroína.

Cuando puede y cuenta con los recursos necesarios, se inyecta en una de las “habitaciones de la droga” de Copenhague, donde tiene acceso a jeringas estériles y puede recibir ayuda de personal sanitario si algo va mal.

Llegan con su propia droga, lo que sigue siendo ilegal en Dinamarca, pero la policía en Vesterbro, el barrio en el que está instalada otra “habitación”, ya no persigue la posesión. Vesterbro es el distrito rojo de Copenhague. La mayor de las habitaciones de la droga está junto a un albergue para personas sin hogar lleno de grafitis y frente a un bar que presume de ser uno de los mejores clubes de strip-tease.

Los adictos que las usan toman sus dosis en cubículos individuales repartidos a lo largo de un banco metálico.

Ivan Christensen, gestor de las habitaciones de la droga en la capital danesa, dice que ofrecen un entorno limpio para los adictos de larga duración y que descubrieron que con ese servicio tienden a acceder a otros servicios sanitarios en la zona, con lo que se han salvado vidas, además de que no ha habido una sola muerte en sus instalaciones, pese a que han registrado sobredosis.

Las autoridades danesas consideran a las habitaciones de la droga como una herramienta clave para mejorar una zona que cada vez está más aburguesada, “hay que encontrar nuevas formas de abordar a la drogadicción. No vas a meter a todos los drogadictos en la cárcel”, dice Kaj Majlund, vicesuperintendente jefe.

OPINIONES EN CONTRA

“Sí, efectivamente, los adictos ya no vagan por las calles a la vista de los turistas y los niños, pero por otro lado esas habitaciones de la droga los mantienen en el sistema porque siguen consumiendo y permanecen rodeados de otros adictos”, opina Peter Buurskov, gerente de un hotel en la zona.

Haciendo eco a esta preocupación, el líder de la oposición conservadora en la ciudad, Rasmus Jarlov teme que, a largo plazo, las habitaciones aumenten el narcotráfico y porque son un incentivo para drogarse.

“Todos queremos ayudar a los toxicómanos de Copenhague, pero creemos que tal vez debamos poner los recursos en sacarlos de la droga en lugar de ofrecerles instalaciones para que continúen tomándolas y delimitando áreas donde la policía no puede hacer cumplir las leyes antinarcóticos”, dice.

PARA DINAMARCA DESDE ESPAÑA

La presencia de organizaciones criminales de otros países se reconfirmó en eñ pasado 2023, cuando agentes de la EUROPOL detuvieron a cinco miembros de un grupo que enviaba droga desde la costa, en Málaga, España, hasta Dinamarca.

El líder de esta red era a su vez miembro de la banda motera “Bandidos”, cuyo cuartel de operaciones era Málaga.

TRATA Y PROSTITUCIÓN

La reputación de Dinamarca en materia de igualdad de género, enmascara una sociedad que tiene uno de los índices más elevados de violación de Europa, donde la legislación deficiente, los mitos perjudiciales y los estereotipos de género generalizados, han dado lugar a la impunidad endémica de los violadores, refiere Amnistía Internacional en uno de sus informes.

El informe denominado “¡Give us respect and justice! Overcoming barriers to justice for women rape survivors in Denmark (¡Queremos respeto y justicia! Superar los obstáculos de las supervivientes de violación a la justicia en Dinamarca), revela que las mujeres y las niñas están desprotegidas, debido a leyes peligrosas y desfasadas, donde a menudo no denuncian las agresiones por temor a que no las crean, a sufrir estigma social o por falta de confianza en el sistema de justicia.

A pesar de la imagen de Dinamarca como país con igualdad de género, la realidad es muy distinta para las mujeres, debido al grado terriblemente alto de impunidad de la violencia sexual y a leyes anticuadas sobre la violación que no cumplen las normas internacionales”, señaló Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional.

“Lo cierto es que el sexo sin consentimiento es violación. No reconocerlo así en la ley deja a las mujeres expuestas a sufrir violencia sexual y fomenta una peligrosa cultura de culpabilización de la víctima e impunidad que se ve reforzada por mitos y estereotipos muy extendidos en la sociedad danesa, desde el terreno de juego hasta el vestuario, y desde la comisaría de policía hasta al banquillo de los testigos”, aderte Naidoo.

En Dinamarca se denuncian muchas menos violaciones de las que realmente se comenten, e incluso cuando las mujeres acuden a la policía, la probabilidad de procesamiento y condena de los responsables es muy pequeña.

De las 5 mil 100 mujeres que sufrieron violación o intento de violación según el Ministerio de Justicia, (se habla que en realidad fueron más de 24 mil), sólo 890 denunciaron violación ante la policía. De estas denuncias, 535 dieron lugar a procesamiento, y sólo 94 se resolvieron con sentencia condenatoria.

La existencia de prejuicios profundamente arraigados en el sistema de justicia, es una de las razones del bajo índice de condenas. La desconfianza en el sistema y el miedo a no ser creídas o a ser culpadas son también factores causantes de que se denuncien menos casos de los que realmente se producen.

Una investigación, basada en entrevistas con 18 mujeres y niñas de más de 15 años, que han sufrido violación, así como con ONG, especialistas y autoridades pertinentes, determinó que el proceso de denuncia y sus consecuencias suelen resultarles sumamente traumáticos a las sobrevivientes
Muchas se encuentran con actitudes de desprecio, culpabilización de la víctima y prejuicios. El miedo a no ser creídas e incluso a ser culpadas y avergonzadas por la misma policía y los funcionarios de justicia son las principales razones para no denunciar.

Kirstine, periodista de 39 años, intentó presentar una denuncia de violación a la policía tres veces. La primera n le hicieron caso, la segunda la llevaron a una celda de la comisaría y le advirtieron que podía ir a la cárcel si mentía, pero aún así siguió, aunque nunca castigaron al responsable.

Durante el proceso de la denuncia dijo haber tenido más miedo y soportado mayor vergüenza y humillación que cuando la abusaron.

Emilie contó a Amnistía Internacional que, definitivamente, no iría a la policía si la violaran otra vez, “cuando te llevan a los tribunales, es casi como sufrirlo todo otra vez y acabas sintiéndote peor contigo misma, como diciéndote fue por mi culpa, fui yo la que hizo algo mal’.”

Jewel, una joven nigeriana que esperaba convertirse en cuidadora, terminó siendo obligada a prostituirse. Finalmente logró escapar gracias a dos encuentros casuales.

Jewel tomó un vuelo desde Nigeria pensando que iba a trabajar con personas mayores. En Copenhague, la recibió una mujer nigeriana que la llevó al día siguiente a Vesterbro, el barrio rojo de la ciudad.

Luego de recorrer las calles durante un tiempo, la mujer le dijo: aquí es donde vas a trabajar, en la calle, como prostituta y tienes que conseguir clientes.

Luego de algunos meses de ser obligada a prostituirse tuvo un encuentro fortuito que sería determinante para recobrar su libertad, pero antes sufrió un verdadero calvario.

Cuando ya estaba en Dinamarca los traficantes amenazaron a su familia en Nigeria.

“Entraron en mi casa y querían que mi abuela me quitara de la cabeza cualquier idea de denunciarlos a la policía o no darles el 89% de lo que hacía. No puedes decir que no. Tienes que decir que sí, a todo, porque hay otras 10 o 15 mujeres mirando al mismo tipo que para ganarse ganar algo de dinero esa noche”.

Los fines de semana, las ONG danesas ofrecen servicios a las mujeres que venden sexo. Un grupo de voluntarios organiza una iniciativa para aliviar los daños.

Se llama Red Van, porque es un vehículo con una cama en la parte trasera iluminada por luces de colores y un suministro listo de condones y toallitas húmedas. Un espacio privado donde las trabajadoras sexuales pueden llevar al cliente en lugar de ir a un lugar inseguro.

A lo largo de la noche, llega un flujo constante de mujeres y hombres, para usar las instalaciones de la camioneta, mientras que los voluntarios se mantienen a una distancia respetuosa pero lo suficientemente cerca para escuchar si una mujer está en problemas y auxiliarla.

En un turno de 4 horas, puede llegar a usarse hasta 28 veces.

Las cifras más recientes publicadas por la Unión Europea sobre la trata de personas en Dinamarca. revelaron que entre 2020 y 2021 hubo más de 14 mil víctimas., sin embargo, esta cifra es solo la punta del iceberg porque apenas registran los casos identificados, sin considerar aquellos que no se denuncian.

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